El juicio de los atentados del 11 de marzo ha dado para muchas cosas. Una de ellas ha sido la aparición de absolutos desconocidos en el mundo del periodismo que se han quedado a vivir en el mismo a costa del uso de teorías conspiradoras.
El truco no es ni tan siquiera nuevo u original, está importado directamente de los Estados Unidos, donde se lleva usando en los círculos más bajos y menos rigurosos del periodismo desde hace décadas.
El ejemplo sublime del parasitismo anterior lo pueden ustedes encontrar en la persona de Luis del Pino, del cual ya he hablado en ocasiones, y que, sentencia por medio, pese a todo, sigue con sus delirios, tramas, cloacas e infundios.
Si lo de Luis del Pino es grave y tiene tela, a fin de cuentas ni es periodista ni profesional del derecho, y ni sabe de lo que habla ni lo que se trae entre manos, lo del abogado José María de Pablo es de Juzgado de guardia. Valga como colofón en la comparativa que al menos Luis del Pino, no sé si por prudencia o por carencia de capacidad, deja sus alardes en el un blog, que queramos o no parece que excusa algo cuando se falta al rigor y a la razón que la opción escogida por José María de Pablo que se ha descolgado con un libro, publicitado y publicado en estas fechas por aquello de aprovecharse del tirón en el que dice tal sarta de falsedades y mentiras que sobrecogen.
José María de Pablo es un abogado que representó en el Juicio del 11 de Marzo a la Asociación de Ayuda a las Víctimas del 11-M.
El librito en cuestión, La Cuarta Trama, que ni he comprado ni compraré, comienza afirmando sin rubor alguno que:
“No me inventaré nada: para dotar del máximo rigor a este libro, utilizaré las notas a pie de página para mostrar al lector cuál es la fuente de cada afirmación que hago. Cada dato que aparezca a lo largo de cada capítulo vendrá avalado por la oportuna
nota a pie de página, de manera que el lector pueda contrastar cada afirmación y saber la fuente de lo que se dice.”
Ajá. Por deferencia, y aprovechando los capítulos gratis que se pueden consultar en la web leo el capítulo dedicado a la “trama asturiana”. Ya ven ustedes local y patán que es uno no puede evitar sentir curiosidad por el terruño.
Y es entonces cuando uno se encuentra lo que se encuentra, y le da hasta vergüenza ajena de la falta de seriedad de este José María de Pablo.
Les voy a citar, y esto acontece al inicio del libro, como para imaginarse los desatinos que continuaran, la interpretación que se hace de entre otras cosas la declaración del célebre testigo protegido Lavandera.
Textual del librito de José María de Pablo:
“Lavandera se dio cuenta de la gravedad de la situación cuando, poco después, se le acercaron dos policías, quienes, tras identificarse con sus respectivas placas, le amenazaron:
—Si relacionas otra vez a Toro con ETA o vuelves a declarar sobre esto eres hombre muerto. Te cortamos el cuello.”
¡¡Ay!! Espectáculo en estado puro. ¿Dijo esto realmente Lavandera? Pues sí. Casualmente a preguntas de José María de Pablo, que taimada y arteramente esconde todo el resto de declaraciones del propio Lavandera en el mismo día y en el mismo juicio, donde Lavandera responde:
Fiscal: ¿En algún momento ha recibido usted algún tipo de presión o algo por parte de miembros de la Policía Nacional o de la Guardia Civil?
Lavandera: No que yo sepa.
Fiscal: ¿Usted no ha recibido ningún tipo de amenazas ni ningún tipo de presión?
Lavandera: He tenido algunos problemas pero no puedo decir que ha sido presión por estas cosas. Podría haber sido por otras muchas.
Fiscal: ¿Por qué dijo usted a un medio de comunicación de ámbito nacional que la Policía le había amenazado de muerte si contaba la relación que tenía Toro con otras personas?
Lavandera: Esto me pasó unos días después de denunciar a Antonio Toro. Se me acercaron dos personas y, bueno, dijeron ser policías, no digo que no lo sean, y me dijeron eso, que procurase no relacionar a esta gente con ETA. No sé si eran policías o no lo eran. Porque me enseñaron la placa pero se negaron a mostrarme el carné profesional.
Fiscal: Sin embargo usted mencionó que la policía le amenazó de muerte si contaba algo de la relación entre Toro y la ETA.
Lavandera: Es que, yo no sé si eran policías, creo que eran policías, por un lado. Pero otras veces creo que no eran, depende.
¡¡Y la conclusión que extrae nuestro querido abogado José María de Pablo es que efectivamente y sin duda alguna Lavandera fue amenazado de muerte por dos policías!!
En fin, si ya lo dice la sabiduría popular, se puede ser tonto, se puede ser malintencionado, pero lo malo es ser un malintencionado tonto. O en el caso de José María de Pablo un tonto malintencionado.