Conductores, todos a la cárcel.

15 Diciembre, 2007 6 Comentarios »

La necesidad de acudir al Código Penal como forma de reglar la convivencia de una sociedad demuestra (por lo general) un absoluto fracaso en todos los niveles, desde el educativo hasta el político.

Las normas de convivencia deberían ser cumplidas por los ciudadanos entendiéndolas como modelos de comportamiento de los cuales nos hemos dotado, y que si bien no tienen porque ser las mejores, ni tan siquiera correctas, si que deberíamos tener el convencimiento de que el sistema mediante el que se han tomado las decisiones, la democracia, es el mejor, y por ello entender que la voluntad de dotarnos de una reglamentación requiere el cumplimiento de dichas normas, sin perjuicio de seguir los trámites pertinentes para intentar cambiar aquellas con las que estamos en desacuerdo.

Lamentablemente no en todas las circunstancias ni a todos los sujetos les alcanza esta conciencia de modelo de cumplimiento de las normas, y en esas ocasiones es cuando se alza la necesidad por parte del estado de imponer el cumplimiento mediante su poder coercitivo. Pero hasta en este punto hay formas y formas. No es lo mismo desde luego la potestad sancionadora administrativa que la penal.

Con todo lo anterior espero que les quede claro mi rechazo a la utilización, para reglar la sociedad, del código penal.

Acudiendo al caso concreto, la reforma del Código Penal en materia de tráfico nos encontramos con un ejemplo de lo que he explicado:

La sangría de muertos en las carreteras españolas día sí y día también es realmente alarmante. Las causas son múltiples y variadas, y no existe una idea realmente clara y cerrada de cual es la que tiene mayor incidencia, valgan las siguientes por ser las más nombradas:

Por responsabilidad del conductor: consumo de alcohol, exceso de velocidad, despistes y negligencia en general.

Por responsabilidad de la administración: estado deficiente de las carreteras, mala señalización.

En el hipotético caso de que demos por buenas todas las causas citadas (que yo personalmente las doy por buenas) es evidente que hay que buscar una solución al problema.

La solución aportada por la administración adolece de rigor y de estudio, optando por la fácil vía de la espectacularidad. Penas de cárcel y mire usted que rigurosos somos. Exclusivo uso (y abuso) de la potestad sancionadora por encima de cualquier otra forma de concienciación de la sociedad.

Resultado: quinientos largos atestados y procedimientos iniciados por delitos contra la seguridad vial.

Una solución que se me ocurre a mi, y no soy un estadista del tráfico ni nada parecido, sería la de formar correctamente a los conductores. No solamente mediante efectivas campañas de tráfico, sino mediante un examen serio y riguroso de tráfico, y mediante un uso real de las autoescuelas, esos entes en los que parece que simplemente se paga por conseguir un permiso que conlleva tanta responsabiliidad.

No se ustedes como habrán realizado sus prácticas en la autoescuela, pero yo en la mía prácticamente me sabía de memoria los probables recorridos del examen, sabía aparcar el coche de prácticas con los ojos cerrados, y por supuesto que demostraba con grandes aspavientos la gran atención que prestaba a cada espejito.

Ahora bien lo de hacer prácticas en una autopista con grandes colapsos (aquí en asturias la y) y poner los cuatro intermitentes cuando prácticamente hay que pararse para evitar el alcance por detrás… pues eso te lo cuenta tu familia o un amigo.
Lo de adelantar en carretera de doble sentido de circulación es un auténtico bautismo de fuego que jamás se practicará en la autoescuela. Mi primer adelantamiento bajando el puerto de pajares a un camión (y eso que iba a 20 km por hora) todavía lo recuerdo con pánico.
Lo de bajar una marcha para que el coche tire más en momentos peliagudos se lo contará alguien que le ayude, nunca en la autoescuela.

Otra historia muy repetida, la de los quitamiedos. Les prometo que cuando se estaba hablando en todos los círculos de la necesidad de cambiarlos, y justo cuando la administración dice que van a poner otros menos agresivos con los motoristas, se estaban acabando los remates de la obra de la carretera que lleva a la cárcel de villabona… y ¿adivinan que modelo de quitamiedos estaban instalando? Pues sí, el de siempre. Luego será más de lo mismo, es que no hay fondos para instalar los nuevos.

Con todo ello no quiero decir que no tenga que haber un ordenamiento del tráfico, e incluso, para determinados casos, sanciones que vayan más allá de las administrativas, pero exclusivamente para casos excepcionales. Seguiremos con este tema porque va a dar mucho que hablar. El día que lleve el primer asunto en vía penal volveré sobre la cuestión.