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Jueves, Noviembre 15th, 2007

Dedicado especialmente a Ximac y al difunto entremaqueros.NET.

Les voy a contar una historia muy ilustrativa, en la que por supuesto cualquier inducción o equiparación con la pérdida arbitraria e injusta del dominio que anteriormente alojaba esta página es fruto de su imaginación.

Del mismo modo me permito citarles el artículo 455 del Código Penal para que no se lleven a engaño:

Artículo 455.

1. El que, para realizar un derecho propio, actuando fuera de las vías legales, empleare violencia, intimidación o fuerza en las cosas, será castigado con la pena de multa de seis a doce meses.

2. Se impondrá la pena superior en grado si para la intimidación o violencia se hiciera uso de armas u objetos peligrosos.

Pues bien, a la historia. La misma no la he vivido yo en primera persona. Me la han contado. Alto, no suspiren, no es una leyenda urbana de algo que me contó el amigo del amigo de un conocido. No. Al protagonista lo conozco personalmente, es amigo mío, y la persona que me lo contó lo vivió junto al protagonista y también es amigo mío. Simplemente yo no estaba.

Al grano:

El figura que protagonizó de nuestra historia se levantó un día de muy mal humor. Lógico, era lunes y eran las siete de la mañana, con esos datos ya podemos perdonárselo. Desayunó y salió a la calle con prisa, tenía que estar en cuarenta minutos en Pola de Lena (treinta minutos en coche desde Oviedo)

Cuando salió del portal lo vio. ¡Ay! El pandemonium. El coche, su cochecito. El diminutivo viene por el cariño que este abogado prodigaba a su coche, casi su niño. Ayy, al cochecito le faltaban las cuatro ruedas, dos intermitentes y tenía la ventanilla rota y arrancada la radio…

Yo debo tener un sueño bastante profundo, porque aunque vivo a mis buenos 800 metros de donde estaba aparcado el coche no oí las voces, y por lo que me dijeron fueron de antología. La ira metamorfoseada en persona.

Dos horas y cinco tilas después nuestro abogado se sosegó (un poco) Y la ira se volvió rencor y sed de venganza. Llamó a un socio, el que les digo que me contó la historia, y le dijo que le llevara a xxxx. Zona de Asturias realmente conflictiva y liosa, apodada cariñosamente como xxxx, la ciudad sin bragas y sin ley.

Llegaron y entraron en el bar con la peor pinta de toda una serie de bares realmente tenebrosos.

- Un gin-tonic jefe.
- Hombre Abogado, ¿Cómo usted por aquí?
- Ya ves, quiero hablar con Don Ramón.

Don Ramón es el patriarca gitano de la zona. Cosa seria.

En el tiempo en que se apuraba el gin-tonic, a la velocidad del relámpago, apareció Don Ramón.

- ¿Qué te hace Abogado?
- Busco a Miguelín.
- ¿Y eso?
- Me debe cuatro asuntos, una declaración en comisaría, dos robos y un tema de lesiones.

Sí, aquí usted como yo pensará que nuestro abogado estaba realmente alterado. Además de la broma del coche ir a calentarse la neurona con una discusión con morosos…. ¡y con que morosos!
Tranquilos, ya verán que ladino era nuestro artista.

- Abogado, ¡Qué acaba de tener otro niño….! No es momento, tampoco corre tanta prisa.
- No jodas, yo también tengo que pagar la hipoteca, y además me han destrozado el coche y tendré que pagarlo con algo digo yo.
- ¿Cómo? ¿El coche de mi abogado?

Jeje, como ven el abogado fue cuco, la cuestión es dejarlo caer, nada directo en plan matón.

Apareció Miguelín, feliz padre de una nueva criatura y deudor impenitente de nuestro protagonista. Diez minutos de conversación, detalle arriba detalle abajo marca de los neumáticos especiales de nieve, intermitentes, radio, etc.

Y cuatro horas después, exactamente en el momento de la siesta, tocan el timbre de la casa del desdichado propietario del coche y…. allí está Miguelín con dos de sus hermanos y uno de sus primos con los cuatro neumáticos, los intermitentes, un vidrio, una radio y la herramienta necesaria para montarlo todo.

- Abogado, las llaves del coche y en media hora estamos.
- Aquí las tenéis.

Bueno, hubo una interrupción, como a los quince minutos el abogado tuvo que bajar a explicarle a una patrulla de policía nacional que aquellos improvisados mecánicos no sustraían sino que reponían, pero a la media hora aquello estaba como si no hubiera pasado nada.

- Mira, la radio el hijo de puta ya la había vendido y no hubo manera… pero te hemos puesto esta otra.
- Joder, si es mejor que la que tenía yo.
- Nada, nada, para que suene mejor ¿en paz letrado?
- Recuerda que la semana que viene tenemos el juicio por el robo del cable de cobre Miguelín.
- Nos vemos allí.
- Pues hasta otra
- Hasta otra.

Entre tanto en otro punto de Oviedo en urgencias algún médico le arreglaba la nariz a un chorizo que se confundió de coche.

NO INTENTEN ESTE TRUCO EN SU CASA. La violencia no lleva a nada, use a su abogado y las vías legales, piense con la cabeza.