Feliz 2008, el año ha empezado haciendo bodysurf conmigo

Publicado el Enero 15th, 2008, por Alf

Querido amigo,

Villancicos iTunes.jpgel año ha acabado y al final no me ha dado tiempo a comentar algunas ideas que tenía en el tintero, aunque estoy seguro que el año que hemos empezado permitirá abundar en esos mismos aspectos. Uno era la patética selección de villancicos en castellano que tiene iTunes, villancicos de todo a cien a precio de todo a mil. En cualquier hipermercado puedes encontrar ese mismo estilo a precios de saldo. Pero en iTunes están como si los cantaran el mismísimo coro del Valle de los Caídos. Esto me reafirma que sencillamente, en España no lo pillan. No se enteran. No valen. Tendrán que hundirse del todo para que el negocio lo retomen gentes que entiendan de qué va esto y que traten a sus clientes con un mínimo de honestidad… al tiempo.

Josh-Groban-Noel.jpg
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El otro asunto que se me ha quedado en el tintero, muy a mi pesar, es que el disco más vendido en América en 2007 ha sido el Noel navideño de Josh Groban Josh Groban - Noel (9,99 €, 13 canciones) un disco de villancicos, que se publicó el día de Acción de gracias (que se celebra el cuarto jueves de Noviembre), o sea, que ha estado disponible poco más de un mes. Ha vendido más de 3,5 millones de discos (podemos congratularnos porque la versión del disco en España incluye la canción Noche de paz (en castellano) que en Estados Unidos se ha vendido como single independiente). Se me ocurren algunas reflexiones interesantes: la primera es que cuando le das a la gente algo que le gusta, lo compran. En masa. Sin preguntar. Cuando el cantante tiene carisma y presenta un producto cuidado la gente se moviliza. No me voy a extender sobre por qué la mayoría de los artistas representados por las discográficas (no estoy seguro de que la palabra artistas se les pueda aplicar a todos) apenas venden unos pocos miles. Pero me parece evidente. Cuando el único que ha conseguido reunir a tanta gente en un año es un artista con canciones navideñas publicado a finales del año, algo están haciendo mal con los demás. Aviso: si eres de los que no toleran testimonios personales, salta hasta el siguiente párrafo, no quiero herir tu sensibilidad: la segunda reflexión, mucho más personal y reconfortante, es que lo cristiano sigue estando vigente. La belleza, la bondad, los buenos sentimientos que se significan en la Navidad siguen conmoviendo a millones de personas. Y es que renunciar a la belleza tachándola de noña, blanda o infantil es una manera como otra cualquiera de echarnos en brazos de la infelicidad, de la depresión y de la desesperanza. Por eso aquí intento ofrecer un pequeño rincón para el optimismo y la alegría a través de la música. Me alegro de que música cristiana venda por millones. Especialmente en que en estos tiempo en que nuestro complejo de inferioridad crece en forma inversamente proporcional al que complejo de superioridad de otras religiones (y aquí, simplificando, incluyo la militancia de la no-creencia en otra religión, sobre todo cuando se aplica con el sectarismo con que nos azotan hoy). Queda dicho.

Es posible que te hayas preguntado estos días dónde me he metido, pues he dejado rastros visibles de que estaba al pie del cañón. Déjame que te cuente algo personal: uno de los principales divertimentos de mis veranos en la playa es hacer surf, usando mi cuerpo como tabla. No sé si lo habrás hecho alguna vez. Esperas a la ola adecuada, y te lanzas aprovechando su impulso intentando que te propulse lo más cerca de la orilla.
Me gusta tanto hacerlo que incluso cuando me quiero salir, intento que alguna ola me “acerque”. Unos dirán que es vaguería, pero lo cierto es que en el mar soy feliz.

Lógicamente, cuanto más bravo está el mar (siempre que no haya corriente cruzada) más divertido es, aunque también más peligroso. En los días de bandera roja, (cuando te dejaban bañarte) la diversión podía ser espectacular, inacabable, entrando y saliendo una y otra vez. Con olas tan fuertes que te lanzaban contra la orilla haciendo que te arañaras la panza o te chocaras contra un banco de arena. Esa sensación de velocidad flechada, con los brazos adelantados en forma de proa, cortando el agua como si fueras un enorme pez con bañador…

alt.jpgClick para ampliar (la foto no es mía ni soy yo)

Es una diversión que requiere una cierta técnica, no es sencilla. Tienes que saltar justo delante de la espuma para que te empuje. Demasiado pronto, la ola rompe detrás de ti y te quedas frustrado, parado en seco y “mojado”. Demasiado tarde y el “rebufo” de la ola puede atraparte, enrollarte haciéndote dar una voltereta o lanzarte contra el suelo.

Si la mar está revuelta, como seguramente sabrás, la corriente levanta la arena del fondo, dejándola con un color achocolatado. El riesgo de que te haga dar una voltereta es que pierdes toda referencia sobre dónde está el suelo y donde el cielo, donde puedes apoyar los pies y donde puedes sacar la cabeza. Literalmente no ves nada y todo a tu alrededor es igual,Requiere buenos pulmones y cierta dosis de confianza en uno mismo para recuperar el equilibrio. (Por supuesto, si te pillan más olas, y más remolinos, y más volteretas, puede que nunca salgas.) La otra posibilidad, es que la corriente que “empuja” a la ola te caiga encima como un puño y te mande al fondo. Eso sí que es sentir el miedo. En el fondo, contra la arena y a merced de corrientes invisibles que te zarandean sin que, en muchos casos, puedas hacer nada por evitarlo (lo primero que hay que hacer es volver a tomar punto de apoyo con el pie).

Vale, ya corto el rollo te preguntarás para qué te he contado todo esto -especialmente en pleno invierno- por muy evocador que pueda resultar. Pues para mi estas Navidades han sido como si estuviera jugando al surf en el mar. Durante el mes de diciembre me divertí, surcando las aguas, atendiendo a todo y disfrutando del bienestar por las tareas cumplidas. Pero el 2 de enero, me equivoqué en el salto, una ola me golpeó a traición, me dió dos volteretas y me ha costado todo este tiempo (¡dos semanas!) volver a la superficie.

No dirás que no es una metáfora bonita. Larga, pero bonita. Te supongo informado de las corrientes que surcan las Navidades, y lo fácil que es dejarse arrastrar por ellas. Yo pensaba que lo tenía dominado, y probablemente esa ha sido mi perdición, el exceso de confianza. El caso es que veía con impotencia cómo pasaban los días y no conseguía sacar la cabeza, tenía que seguir buceando hasta encontrar la pausa entre ola y ola.

Y me temo que esto es lo que ha pasado. Hoy es la Macworld, con Steve Jobs y su tsunami levantándose ominosamente en el horizonte. Probablemente me van a volver a lanzar al fondo, enterrándome con notas de prensa, novedades, fotos… y me costará salir a la superficie, aunque te prometo que voy a poner todo mi empeño en aguantar y seguir acudiendo a mi cita contigo.

En fin querido amigo, te deseo lo mejor, y espero tus noticias sobre cómo has pasado las Navidades. Al menos tenemos todo un año para hablar de la música que nos hace felices.

Hasta pronto



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