Ábum: Bridge, Devreese & Walton: Piano Quartets, de Pianokwartet Marcato

Publicado el Junio 18th, 2007, por Alf

Un poco de música clásica del siglo XX para empezar la semana, a base de cuartetos para piano de tres maestros. Déjate embelesar por la belleza del instrumento del que se dice que reúne todos los instrumentos. Se trata de obras para piano y cuerda, de diferentes estilos y tensiones cromáticas, pero todas (sólo son tres, una por cada compositor, aunque la de Walton se divide en cuato movimientos) de excelente factura… y difíciles (por no decir imposibles) de encontrar a ese precio en el mundo “físico”.

Por supuesto, como siempre, si quieres conocer la trayectoria de los compositores, sólo tienes que mirar las biografías que acompaño.

Bridge, Devreese & Walton: Piano Quartets Pianokwartet Marcato

Bridge, Devreese & Walton: Piano Quartets, de Pianokwartet Marcato
5,94 €. Comprar: Pianokwartet Marcato - Bridge, Devreese & Walton: Piano Quartets



Sobre Frank Bridge
Frank Bridge (26 de febrero de 1879 – 10 de enero de 1941) fue un compositor inglés.

Bridge nació en Brighton y estudió en el Royal College of Music de Londres entre 1899 y 1903 con Charles Villiers Stanford y otros. Tocó la viola en diferentes cuartetos de cuerda, principalmente en el English String Quartet, y dirigió, a veces por indicación de Henry Wood, antes de dedicarse exclusivamente a la composición, recibiendo el patronazgo de Elizabeth Sprague Coolidge. Enseñó de forma privada a diferentes pupilos, el más famoso a Benjamin Britten, que más tarde reivindicaría la música de su maestro y le rendiría un homenaje en las Variaciones sobre un tema de Frank Bridge (1937), basado en un tema del segundo de los Three Idylls for String Quartet (1906). Bridge murió en Eastbourne.

Trabajos

Entre los trabajos de Bridge son las orquestales The Sea (1911), Oration (1930) para cello y orquesta y la ópera The Christmas Rose (presentada en 1932), pero es probablemente más recordado por su música de cámara. Sus primeros trabajos están en un formato post-romántico, pero piezas más tardías como el tercer (1926) y el cuarto (1937) cuarteto de cuerda son armónicamente avanzados y muy diferenciados, mostrando la influencia de la Segunda Escuela vienesa. Sus trabajos también muestran influencias armónicas de Maurice Ravel y especialmente de Alexander Scriabin.

Una de sus armonías más características es el acorde Bridge, en el que suenan a la vez Do menor y Re mayor, muy destacados en There Is a Willow Grows Aslant a Brook y la sonata para piano (1922-5). Escribió este trabajo en memoria de Ernest Farrar.

Uno de sus trabajos más famososoes una pieza para violín llamada Moto perpetuo (escrita en 1900, revisada en 1911). Otras frecuentemente interpretadas son el Adagio en Mi para órgano, Rosemary para piano y su obra maestra la sonata para cello en Re menor (1913-7). El Scherzetto para Cello fue redescubierto en la librería del Royal College of Music de Londres por el cellista Julian Lloyd Webber.

Traducido de la Wikipedia

Sobre Frédéric Devreese
Fréderic Devreese nació el 2 de Junio de 1929, en Amsterdam. Es un compositor belga nacido en Holanda que ha creado sobre todo trabajos orquestales, de cámara y para piano que se han interpretado por todo el mundo. También trabaja como director de orquesta.

El sr. Devreese recibió su primera formación musical de su padre, el compositor y director Godfried Devreese (nacido en 1893 – muerto en 1972). Estudió composición con Marcel Pooty y dirección con René Defossez en Bruselas, composición con Ildebrando Pizzetti en la Accademia Santa Cecilia de Rome entre 1952-55 y dirección con Hans Swarowsky en el Wiener Staatsakademie entre 1955 y 1956.

Entre los premios recibidos están el Prijs-Town-Ostend (1949, por el Concerto No. 1), el Prix Italia (1964, por Willem van Saefthingen, junto con Mark Liebrecht), el Georges Delerue Award y el the Joseph-Plateau-Prijs (1990, por Het Sacrament). Además, ha escrito el trabajo por encargo para el concurso de la Reina Elisabeth en Bruselas (1983, Concerto No. 4) y para el concurso Adolphe Sax en Dinant (1998, Ostinati).

Ha dirigido la BRT Filharmonisch Orkest y ha sido director invitado de diversas orquestas en todo el mundo. Para sus grabaciones de la serie Marco Polo “Anthology of Flemish Music”, fue nominado para el Embajador cultural de Flandes en 1996-97.

Traducido de la Wikipedia

Sobre William Walton
Sir William Turner Walton (Oldham, Lancashire, 29 de marzo de 1902 — Ischia, 8 de marzo de 1983), fue un gran compositor y director de orquesta británico.

Su estilo estuvo muy influido por Stravinski, Sibelius y el jazz y se caracteriza por una gran vitalidad rítmica, una agridulce armonía y una sabia conjunción de melodía romántica y brillante orquestacion. Es recordado por sus obras orquestales, su música coral y ceremonial y por sus excelentes bandas sonoras. Sus primeras composiciones —especialmente Façade, sobre un poema de Edith Sitwell— le encumbraron como un compositor moderno, pero fueron sus trabajos orquestales y el oratorio Belshazzar’s Feast.

Primeros años y llegada de la fama

Walton nació en Oldham (Lancashire), en el seno de una familia de tradición musical.[1] A los diez años le aceptaron como corista en la Christ Church Cathedral de Oxford y allí fue admitido como estudiante a la edad inusualmente precoz de dieciséis años.[2] Como compositor, fue en gran parte autodidacta —estudió en la «Biblioteca Ellis» las partituras de obras nuevas de Stravinsky, Debussy, Sibelius y Roussel— pero recibió alguna ayuda y la tutela de Hugh Allen, el organista de la catedral.[3] En Oxford, Walton conoció y se hizo amigo de dos jóvenes poetas, Sacheverell Sitwell y Siegfried Sassoon, que desempeñarán un papel importante en la publicación de su música.[4] Poca de la obra juvenil de Walton sobrevive, apenas el himno coral A Litany, escrito cuando sólo tenia quince años, y que ya muestra unas armonías llamativas y un tratamiento de la voz principal bastante más avanzados que el de muchos compositores británicos contemporáneos. Quizás la característica armónica más atrevida de la pieza sean las agrias inflexiones del acorde aumentado, sobre todo en la llamativa cadencia final.

En 1920 Walton dejó Oxford sin conseguir el doctorado —tras fallar los Responsions[5]— para alojarse en Londres como “un hermano adoptado o elegido” [6] en casa de los Sitwell, una familia con gran tradición literaria, con los hermanos Sacheverell, Osbert y Edith. Gracias a los Sitwell, Walton conoció y se familiarizó con muchas de las figuras más importantes de la música británica de entreguerras, particularmente con su colega compositor Constant Lambert, y también con artistas como Noel Coward, Lytton Strachey, Rex Whistler, Peter Quennell, Cecil Beaton y otros.

Walton adquirió notoriedad en 1923 con una adaptación de un poema de Sitwell, Façade, una obra muy influenciada por el jazz. La primera interpretación pública dio lugar a que Walton fuese calificado como un moderno vanguardista —el crítico Ernest Newman dijo de él: “como bromista musical es una joya de primera especie”[7]— aunque las siguientes provocaron una gran controversia. En el Festival de la «Sociedad internacional para la música contemporánea», celebrado en Salzburgo en 1923, se programo su Cuarteto de cuerda y fue su primer reconocimiento internacional, con el mismísimo Alban Berg entre el público.

Durante los años 1920 Walton tuvo pocos ingresos, tocando el piano en clubs de jazz y pasando la mayor parte del tiempo componiendo en el ático de los Sitwells. La obertura orquestal Portsmouth Point (que dedicó a su amigo Sassoon) fue el primero de sus trabajos que apunta las que serán sus características distintivas: un fuerte impulso rítmico, ampliamente sincopado, y un lenguaje armónico disonante, pero predominante tonal. El Concierto para viola de 1929 fue la obra que lo catapultó a la vanguardia de la música clásica británica, con su agridulce melancolía, que además obtuvo una gran popularidad. Este éxito fue seguido por otras obras igualmente bien acogidas: la cantata Belshazzar’s Feast (1931), la Sinfonía nº 1 (1935), la marcha de coronación Crown Imperial (1937), y el Concierto de violín (1939). Cada uno de éstos trabajos permanece todavía firmemente establecido en el repertorio: el Concierto para viola aún hoy sigue siendo una pieza central del repertorio solista para viola; el Banquete de Belshazzar es una piedra de toque de cualquier sociedad coral prometedora; y la Primera Sinfonía es un desafío incluso para orquestas profesionales que no tienen mucho tiempo para ensayar.

La Sinfonía nº 1 (1931-35) tuvo una génesis inusual: Walton mantenía una relación tempestuosa con Imma von Doernberg, que finalmente le dejo por el doctor húngaro Tibor Csato. Las turbulentas emociones y la energía de alto voltaje de la Sinfonía reflejan los acontecimientos que en aquel momento vivia, con un elocuente y dramático primer movimiento y un picante y malicioso «Scherzo», que finalizaba en un ambiente de gran melancolía. Pero el movimiento final es totalmente diferente, casi Elgariano, con su júbilo ceremonial (a pesar de que las dos secciones fugadas remiten claramente a Hindemith). Es evidente para el oyente que la nube ha pasado y se explica porque Walton, tras componer el movimiento lento, inició una nueva relación con Alicia Wimborne, que le proporciono el ímpetu y la inspiración musicales para el último movimiento. Walton, pese a ello, dedicó la sinfonía en su totalidad a Imma von Doernberg.

En términos musicales, el trabajo es una muestra de la composición inglesa y representa la cima del pensamiento sinfónico de Walton. Los dos compositores favoritos en los años 1930 en Inglaterra fueron Beethoven y Sibelius, este último defendido por Lambert en su popular libro de critica musical Music Ho! (1934). Walton claramente bebe en ambas fuentes: el primer movimiento se escribe en forma de sonata y el desarrollo es claramente beethoveniana —”batiendo los temas a muerte” [8]— y con este armazón, el movimiento se desarrolla un poco a la Sibelius, como muestra claramente el motivo de la llamada del cuerno de la obertura. El rigor temático y la rompedora energía emocional del movimiento —y de toda la sinfonía— se pueden atribuir a este método único de construcción musical.[9]

Después de la Segunda Guerra Mundial
Durante la II Guerra Mundial Walton fue licenciado del servicio militar con el fin de componer música para películas propagandistas, como The First of the Few (1942) o Henry V (1944), una adaptación de Laurence Olivier de la obra de Shakespeare. A mediados de los años 1940, el salto a la fama de compositores más jóvenes como Benjamin Britten, disminuyó el crédito y la acogida de sus obras entre los críticos musicales, aunque el público siguió recibiendo con entusiasmo su música. Después de componer un segundo Cuarteto de cuerdas (1946), su logro más importante en la música de cámara, Walton dedicó los siguientes siete años a escribir una ópera trágica en tres actos, Troilus y Cressida (1947-54). La ópera no fue muy bien acogida y comenzó a extenderse la consideración de Walton como un compositor pasado de moda.

Tras Troilus y Cressida, Walton volvió a la música orquestal, componiendo en rápida sucesión, el Concierto de violoncelo (1956), la Sinfonía nº 2 (1960), y su obra maestra del período de posguerra, Variations on a Theme by Hindemith (1963). Su música a partir de los años 1960 muestra un rechazo a las tendencias vanguardistas de la posguerra —que capitaneaban Boulez y sus próximos— y prefirió componer en un estilo post-romántico, que encontraba más gratificante. A pesar de ello, estaba lejos de ser olvidado, y fue nombrado Caballero del Imperio británico (sir) en 1951 y recibió la Orden del Mérito de la Commonwealth en 1967.

Su ópera cómica en un acto, El oso, fue bien recibida en el Festival de Aldeburgh de 1967, y gracias a ello le llegaron de nuevo importantes encargos, como el de la Orquesta Filarmónica de Nueva York (Capriccio burlesco, 1968) o el de la San Francisco Symphony (Improvisations on an Impromptu of Benjamin Britten, 1969). Sus ciclos de canciones a partir de entonces fueron estrenados por artistas tan destacados como Peter Pears (Anon. in love, 1960) y Elisabeth Schwarzkopf (A Song for the Lord Mayor’s Table, 1962).

En su década final, Walton encontró la composición cada vez más difícil. Intentó en varias ocasiones componer una tercera sinfonía para André Previn, pero nunca finalizó el encargo. Sus obras finales son sobre todo reorquestaciones o revisiones de música anterior, y música coral para la litúrgia. En 1949 se trasladó a vivir a Italia, a la isla Ischia, con su esposa argentina Susana Gil. Murío allí en 1983.

Desde su muerte, la música de Walton ha ido ganando atención, tanto en interpretaciones públicas como en grabaciones. De hecho, a medida que la historia de la música clásica de posguerra continúa siendo reevaluada, la figura de Walton se ve menos, como un representante pasado de moda de una era perdida, y más, como un compositor muy individualista que escribió en un idioma atractivo y personal.

Tomado de la Wikipedia



Deja un comentario